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  • 13 Mirlos

BRUNO PÓLACK: POEMAS DE "FE"


1

Y este amor tan sublime

se desplaza entre las cosas mundanas

como si en realidad no pasara nada/

varios buitres regurgitan mi cuerpo a tus pies y aquí me tienes.

Ver cómo surge,

cómo se eleva, el signo de lo divino, entre el ruido de la vajilla,

entre el ulular de la ropa colgada −del sol entrando en los bolsillos

de las camisas de la ropa colgada− en el patio interior del edificio.

En todos los pisos una madre llama a la cena.

En todos los pisos es alguien

el encargado de la poesía y de la basura.

Mi garganta

se ha preparado durante

siglos para este canto.

Y bajo las escaleras con dos bolsas de versos en cada mano/

sigue ahí ese flaco árbol del otro lado de la puerta como

una muestra cabal de resistencia.

(Árbol del 2 de mayo. Árbol del 4 de enero. Del 20 de agosto)

suelto las bolsas en el cubo/ se congelan las garrapatas

de mi abrigo azul.

“Ha dormido un indigente en el rellano

del 5º piso” reza un comunicado en el panel de novedades

comunitarias.

Seis señoras han firmado al pie para abolir la indigencia.

Yo firmo para abolir el rellano del 5to piso.

Y tu amor tan sublime, continúo, y tu amor tan sublime me turba.

Luz del cuerpo humano que hace resplandecer el lecho de los amantes

rojas semicorcheas, estrellas opiáceas: mi garganta se ha preparado

durante siglos para este canto,

el vil canto que es la espuma de los ríos

que hierve la espuma de los ríos y llueve sobre nosotros/

pero raramente

la poesía se manifiesta

cuando dos o más palabras

se reúnen en su nombre

por ejemplo ahora que remonto las escaleras con las

manos libres/ libres como alas de ganso/ intento levitar/

/centímetros al menos/

/pero con los pies bien puestos en el suelo llego a la puerta/

con el ala izquierda la empujo torpemente/ decepcionado/

y con la otra te señalo el rostro/



2

Universal. Universal.

Particular. Particular.

Qué oídos los tuyos tan preparados para la destrucción de

la naturaleza

qué bella imagen vibra dentro de la piedra

palabras tan antiguas que se echan a la bolsa y se revuelven

(y así tenemos un poema)

y así vibran tus cuerdas vocales al compás del zumbido

de la refrigeradora

y así la noche se adueña del mobiliario como si todo lo cubriéramos

para abandonar la casa

tormenta que te anuncias sibilina por la rendija de la puerta

que alzas tus melodías de guerra reflejadas en el silbido de la cafetera

arcano poder, síntoma universal:

la claridad es una búsqueda apasionada pero infructuosa

arcano poder, síntoma particular:

aquel follaje que me cubre, mientras duermo, hasta desaparecerme

y cierto que la magia ha de prevalecer sobre el orden

y cierto que los cantos rupestres han de prevalecer sobre la lírica

sobre las imágenes que surcan signos tras los lienzos resplandecientes

sobre la estela luminosa de los peces en el estanque

transmigración del alma de las palabras a las cosas

de la poesía a las cosas

del mar a las cosas

corazón palpitante, que de entre mis manos, caes con violencia

hacia los surcos

y germina el fruto, la palabra, la sangre

porque todo esto nace tercamente del silencio

(oh, prevalecer/ oh, matemáticas)

y es necesario que insistamos con rabia donde una flor aparentemente

va a alzar el vuelo

entonces la flor aletea entre otras flores mecidas por el viento

y siento en mi lengua la baba del caracol sobre tu lengua

y alzo la mano para detener el taxi que ha de guarescernos de la lluvia

y así mi paraguas es aniquilado por moléculas de oxígeno de sol

de electrónica

y cierro la puerta raudamente mientras pienso que deberíamos celebrar

que pronto estas hojas

no serán más que incomprensibles ruinas del lenguaje

saber que hasta hace no mucho el mar habitaba todas estas calles y que

ninguno de nosotros dos

vería con malos ojos si esto, súbitamente,

como un milagro, volviera a suceder.



6

Y este amor tan mundano

que se desplaza entre las cosas sublimes

como si en realidad

la poesía fuese una cosa cierta/

Como esta pequeña

mesa de madera en la cual el destino ha grabado dos nombres

que no son los nuestros/

y no por eso

hemos dudado en atar nuestras arterias para

que corra por nosotros una misma sangre.

No por eso, no por la infamia del amor, hemos dejado de sentarnos

a la mesa/

de servir el vino, de cortar el pan, de sentarnos a la mesa

y entonar el vil canto.

Canto que entonó Villon desde su cruz de palo/ canto que

silbaba Pablo

recorriendo el camino de regreso a Damasco.

Aquel canto que el mirlo sueña que teje

durante todo su recorrido hasta descansar

en la alta ventana de esta cocina.

Creer firmemente que en cada gota de agua oceánica

están incluidos todos los elementos.

El vino el estroncio el zinc el mismo canto del mirlo

el mismo silbido de la cafetera temblando sobre el círculo azul

de fuego.

Luego ves al perro de Federico esperándolo a los pies del árbol de

la resistencia/

buscando

siempre la sombra/ rodeando infinitamente el tronco/

aullando desconsolado al mediodía,

a la medianoche

cuando bandadas de pathos

no se dignan siquiera rozar el sucio lago de las palabras.

Tus pies tocan los míos por debajo de la mesa

como si descansando, en medio del bosque,

nos cayera, entre las manos, una avellana vacía/

me hablas de tus padres (coma) de tu pueblo (punto)

Y hoy guardo abierta añoranza

por todos los eventos soñados (heroicos o restitutivos)

que siempre he tenido como reales/

y hoy guardo abierta añoranza

por la aparición de algún acto

fugaz

que se digne a ser aún más valioso de lo

que perdura en nuestra memoria.

Apagas la hornilla y la cafetera cesa, pero estalla el canto del mirlo

estalla el canto de Pound entonado en los canales de Venecia

el Canto Luminoso de Jesucristo echando a los mercaderes del templo

o aquel canto que el mirlo sueña que teje/ durante todo su recorrido/ hasta llegar

a la alta ventana de esta cocina/

y entregarnos/ en su pico/ el final de la madeja.



8

Y esa señora, tras el vidrio, que tintinea la cucharita entre

la taza y el pequeño plato, es el vivo reflejo de mi madre/

empujamos las puertas batientes hacia el salón de los azulejos y nos

acomodamos en una pequeña mesa/ dividida en dos/ por la luz y

la sombra.

Ella me observa y cree reconocerme

pues el día es limpio y real como

las servilletas de tela que una niña va doblando sobre el mostrador.

Ramas del árbol que extienden sus arterias hasta la infinitud

transeúntes anónimos que pasan cada uno con su rayo de sol y

que ahora puedo observar

detrás del otro lado del vidrio.

Levantas el brazo y pides un jugo de naranja y un café,

yo veo las hebras de la página 82 de este libro

a contraluz/ entre las tenues letras negras/ y la página 81/

palabras tan antiguas que se echan a la bolsa y se revuelven

y así tenemos un poema

y así tus manos se posan bocarriba sobre el tablero de mármol.

El candor en la taza de café que aun sobrevive del

sol que hizo brotar los granos

el candor del cuchillo que dio el corte transversal a las naranjas

y así se crea el árbol, el verbo, la semilla, la tinta

se hace carne Hesíodo como padre de la iglesia de

la Cúpula de Magdalena.

Arcano Poder, síntoma Particular:

de los ahorcados solo quedan las ramas quebradas

y el brote de los crisantemos.

Arcano Poder, síntoma Universal:

yo un día tuve un violín que até a una piedra y

arrojé desde el roquerío al mar de San Bartolo/

porque para que este poema cobre vida es necesario

imaginar un tigre agazapado

sobre nuestras cabezas/

porque para que cualquier cosa cobre vida

es necesario atarla a un racimo

de globos de helio/

y decirle adiós con un pañuelo de sabiduría.

Dejar botadas las palabras que nombran todas las

cosas sobre la arena mojada/

sentarnos a la mesa de los desadaptados: tomar las armas,

las flores, los libros,

poner mis manos, bocabajo,

sobre las tuyas, en la mesa de mármol

(el paciente triunfo de la sombra sobre la luz

en el tablero apoderándose de nuestros brazos)

llevarlo todo una mañana de octubre a la ribera del río

soñar con añoranza y rabia que la nuestra

es siempre la otra ribera del río.

Ver el agua que nos separa y zambullirnos

en los libros en las flores,

en los recuerdos que confundimos casi siempre con hechos ficticios

en toda una vida que al final se convierte solo en

cuatro recuerdos revividos

en nuestra lengua materna que es el graznido del

río atravesando las piedras

ave de papel sobrevolando el prado con un corazón humano

reliquias de todos los santos echadas al viento

/amor como una llave encontrada en el suelo

sin saber que puerta abre/

porque hoy todavía puedo presumir en algo la arrogancia

de mi juventud

y aquí levanto la cara y los miro con

desprecio real: peatones, lectores, amas de casa,

y aquí levanto la cara y veo con real desprecio

al vivo retrato de mi madre

(todos estos versos a cambio de mi vida arrebatada)

y ella alza los ojos y me devuelve una mirada de estulticia,

de candor, de compasión humana,

y siento que mi juventud camina entre los peatones

al otro lado del vidrio

adiós días venideros, adiós breve camino de la casa a la playa/

yo solo les quería proponer un juego simple, pero bello: ámense

no le nieguen la hora a nadie

enfunden su violín y tomen el bus a la playa norte de San Bartolo

detrás de la colina de la cruz, donde el mar brama,

bésense con todo el deseo de trascendencia a la sombra del

árbol que ha sobrevivido a todos los amantes

porque quien ama, en suma, miente

porque quedan siempre/ aunque sea tenuemente / los

nombres escritos en la corteza del árbol

(las lágrimas escritas en los líquenes de las piedras)

y porque de los días aparentemente interminables

llegará aquel terrible

que ilumine nuestra última tarde,

y cierto que la magia ha de prevalecer sobre el fuego

y cierto que el desprecio

ha de prevalecer sobre las miradas compasivas

sobre los transeúntes detrás del vidrio

sobre la última ola que rompa sobre la playa.

Luego das el primer sorbo de café y

el vivo reflejo de mi madre deja algunas monedas

sobre su mesa y sale por las puertas batientes

sin dirigirme una mirada/

la veo perderse entre los peatones sin poderla reconocer ya claramente.

Cierro el libro y

creo observar un rayo de eternidad confundiéndose con un

simple destello en el marco de tus lentes.

Hoy juraría que un amor equivocado fue sin duda mi mejor amor.



10

Antonio ha muerto el día de San Bruno.

Nosotros hemos jugado toda la mañana a

escondernos detrás de las adelfas y de los gruesos troncos.

De los árboles, de las ramas de los árboles.

De los libros, de las hojas de los libros.

Debajo de la sombra del limonero donde

he descifrado antiguos sueños/

donde el musgo húmedo se ha tomado todos los

días del invierno

para desplazar imperceptiblemente una pequeña piedra.

Diría que igual es un acto heroico. Diría que

me canso de esperar a ser encontrado y

me apoyo a la sombra posterior del tronco.

Detrás de las adelfas, en el ala izquierda del lago.

Donde una bandada de zorzales ha ensombrecido

las bancas familiares/ donde

los perros y los gansos alzan el cuello y ladran.

Poetas rusos han llegado a descubrir que el perfume

de los lirios es el alma misma de los lirios.

¿Quién descansa en el parque, en la casa,

quién lee, quién juega a pasar del sol a la sombra,

de lo imaginado a lo no imaginable,

quién dispara flechas de papel crepé a los rayos del

sol como si fuera al propio sol al que hiere,

quién duda en el pórtico, quién lo cruza,

quién no se da cuenta

que entre uno y las cosas reales

siempre hay un pórtico real y otro pórtico soñado?

¿acaso nosotros hemos,

acaso ellos han

leído al menos El Infierno?

Yo te vi contestar el teléfono y mirar el lago/

mirar los nenúfares girando como astros en una

galaxia transparente sobre el espejo del lago/

y yo miro la estela brillante de los caracoles

sobre las hojas ensombrecidas,

y allá va la tristeza del marinero que juega con su

hijo sobre la plaza de tierra,

porque detrás de todo ese mediodía y de todo ese

brillo enceguecedor están las estrellas.

Pero estos árboles, no son nuestros árboles, viejo amigo.

Esta ciudad no es nuestra ciudad acuática, ni nuestro barrio.

Este es un poema que se disuelve como si sopláramos

un diente de león a favor del viento.

Y ya no existe un solo marinero que

salga a cubierta,

y que para enrumbar su nave,

levante los ojos y descifre las estrellas.

Y veo las sombras de cientos de zorzales que se adentran en

el reflejo quieto del limonero

(tomo la piedra heroica del

musgo y la estrello contra los

cristales prístinos de mi infancia)

y explota la sombra del

limonero sobre el camino desierto y sobre la

plaza de tierra.

¿Quién duerme entre la hojarasca,

en los patios interiores,

quién canta,

quién prende una flor,

o una gota de agua,

o un ramito de jazmín,

en el saco de un hombre dormido/

cuál de nosotros sigue el vuelo de las abejas

por el enramado del bosque,

quién dispara flechas de papel crepé contra el

el relente del rocío como si hiriera al propio bosque,

o al propio rocío,

quién descansa en el parque, en el pórtico,

quién lo cruza, quién dobla la calle sin conciencia de hacerlo,

cuál de estas sombras hermanas

erra

sobreviviendo a su objeto?

Antonio ha regresado a la casa materna

y muerto el día de san Bruno.

Un indio piel roja me ha descubierto

apoyado en la parte posterior del limonero/

tú lo observas desde el lago

(separando la vista de las adelfas

y del universo)

sacar una flecha de papel crepé del

carcaj de tela y tensar el arco.

Tan sólo el silbido de la flecha es cosa letal

para un corazón humano/


*La selección de textos pertenece a la edición chilena (Andesgraund Ediciones, 2023).

 

Bruno Pólack (Lima, 1978)

Abogado, poeta, ensayista y artista plástico. Ha publicado los poemarios (Alegorías hiperbólicas) o las ruedas del beso de Reinaldo Arenas (Fondo editorial de la Universidad de Lima, 2003/ Paracaídas editores, 2018), El pequeño y mugroso pólack (Lustra editores, 2007), Poemas médicos (Lustra editores, 2009), Universal/Particular (El sombrero raro editores, 2013), fe (Vallejo & Co., 2016) y ¡Ars fascinatoria! (Vallejo & Co., 2018); En ensayo ha publicado El último virrey del Perú (2017), Las mujeres que forjaron el Perú (2020), La ciudad que no existe (2021) y Momentos estelares de la Independencia del Perú (2022) por la editorial Planeta. Es licenciado en derecho por la Universidad de Lima y magíster por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es cofundador de las editoriales Lustra y Magreb, así como cofundador del Festival Internacional de poesía de Lima. Actualmente codirige la revista y editorial Vallejo & Company.









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