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  • 13 Mirlos

ERNESTO GONZÁLEZ BARNERT: "VENADO TUERTO"


 


Nuestro primer trabajo

fue acompañar al padre a cavar tumbas.

Golpear el canto contra las piedras,

tirar la pala lejos.

No creas que la poesía me enseñó una lección.

Que echaré menuda foca.

Tampoco sospeches

que no me duele enterrar

lo que odio, vale un carajo.

O supongas que no volvería

a empuñar una pala

en mitad del jardín asilvestrado,

nichos que nadie visita.

A veces, con un nudo en el estómago,

recuerdo el hoyo que cavé en el cementerio

para Edgar Allan Poe

o Annabel Lee de la temporada.

Sí, con un nudo en el estómago

retengo lo que el viejo decía

con sonrisa triste,

sol impío, borrasca desleal:

manos a la obra.

Siempre se puede comenzar otra vez,

cargarlo todo de nuevo.

Todo un día de mierda

remarla en contra.

Ser un maldito héroe

sereno y sonriente

cavando el agujero de turno

para un pobre pájaro o pájara.

O darte de golpe

en la cerviz

con mi herramienta de trabajo

en medio del paisaje agreste

o parque de ensueño.

Sí, trazar una estúpida zanja,

limar las espinas de una rosa,

hacer un agujero, dar unas paladas

hasta cubrir el cajón

en esta patria de intrigantes y sapos,

por amor al arte.

Traidores que viven y matan por monedas,

un minuto de atención, el sueño de poder.

Siempre se puede en este país

asesinar impunemente,

destruir a alguien con razón,

sin razón,

porque hablamos el idioma de Cervantes

con suturas

como decía Vicente Pérez Rosales.

Cavamos a seis pies de la literatura

el poema de la vida y la muerte

desde que éramos críos

y la ley del más fuerte impera.

Es lo primero que aprendimos

en estos pasajes y tumbas

por la razón o la fuerza.



Cuando era un tigre

me gustaba mi reflejo en el manantial.

Saber qué mientras bebo

acechan otras bestias meciéndose,

como yo, al viento, entre las cañas.

Así calmar mi sed observando también

estas cicatrices y líneas del cuerpo

donde me leo felino

más viejo y vulnerable

que encuentra cada vez mejor el agua

antes de fluir, evaporarse

con el sol de la sabana.




Permíteme, señor, ser el cuervo

que atraviesa el corazón del ruiseñor

con insolencia y belleza en el vuelo.

La rapaz que pone a los pies

del pájaro cantor sus alas golpeadas

por la fría luz de la luna,

el carozo de la noche.

La avecilla que despierta oscura,

de súbito y doliente

apurada por el látigo de sol

para echarle ganas, otro poema

hacia todas las estrellas.



Adiós Calíope, soy un asteroide

deshaciéndose en llamas antes de llegar a tierra.

Una piedra que arde desde los ventanales

de un tren de juguete que atraviesa valles invernales,

picos nevados, estaciones vacías.

Una locomotora quebrando una y otra vez

la barra de detención

bajada por el guardavía de la literatura,

que sueña hace días

con una luciérnaga llamando a las demás

con su última luz, el último destello.



Me acerco a la muerte,

como si caminara por la luna,

sin gravedad.

Y fuera poco a poco dejando atrás

cada pieza del traje espacial

partiendo por el parche de la bandera,

el logo de la empresa.

Donde todo lo que tenía que decir

se pierde por una falla de comunicación

mientras desde la base espacial

a través de las cámaras

solo ven un astronauta volviéndose loco,

desnudándose, reflejando

su planeta tierra en el casco

antes de tirarlo

y fundirse con el universo.



Seguimos aquí –Anna Ajmátova–,

ebrios y perdidos

sobrevolando sillas, mesas,

la tarima del “Perro vagabundo”.

Moviéndonos como estrellas fugaces

que nadie alcanza a detener

en el cielo de su lengua.

Es difícil hacerse oír

donde todos esperan señales

y no palabras.

Por supuesto, muchos nos odian

sin razón alguna.

Quisimos tanto a estos parroquianos.

Seguro más de lo que ellos nos quisieron a nosotros

y vomitamos.


 

Ernesto González Barnert (Temuco, 978). Poeta, cineasta y gestor cultural. Su obra poética ha sido reconocida con el Premio de Poesía Infantil de las Bibliotecas de Providencia [2023], Premio Pablo Neruda de Poesía Joven [2018], Premio Nacional de Poesía Mejor Obra Inédita [2014], Premio Nacional Eduardo Anguita [2009], Mención Honorífica del Concurso Internacional de Poesía Nueva York Poetry Press [2020] entre otros premios, becas y concursos de índole poético. Licenciado en Cine Documental de la Universidad Academia Humanismo Cristiano y Diplomado en Estética del Cine de la Escuela de Cine de Chile.

Productor Cultural de la Fundación Pablo Neruda. Reside en Santiago de Chile.

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