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ESTADO DE SITUACIÓN*


 

Por Diana de la Fuente


Siento la tremenda alegría al presentar el libro de Marcelo Velmar, nuestro amigo y compañero “Poeta del profundo Sur de Chile” como lo bautiza Francisco Vejar en el prólogo del libro que nos reúne.

Marcelo Velmar nació en Chillán, es poeta de provincia, y aquí es donde nos conocimos, donde habitualmente vivimos la poesía en encuentros como Estación Ñuble, Chillán Poesía, la presentación de sus libros o alrededor de la mesa con la poetansia.

Por ello sus versos respiran el sur, revelando la lucidez de sus paisajes, es así como nos explica en el poema “nada es tan simple”: “La cuestión es sencilla/ dicen los sauces/ que de lágrimas / nada saben”, esa sencillez llena de sabiduría que habita en los árboles nos recuerda la voz de nuestro maestro Sergio Hernández, quien nos enseñó “es bueno ser planta o árbol/ porque de ellos será el reino de los cielos”. Marcelo Velmar, a través de su ecopoesía, nos invita a exhortar al mundo, exigiendo con sutil hermosura: “Que vuelva la tierra/ a tener un simple respiro”[1].

La contemplación de la naturaleza, es parte de la obra, que nos convoca a ser espectadores y a dejarnos extasiar por la belleza del tiempo y la estación, así nos dice: “Deja pues que ocurra nada /y que el otoño encienda / su retahíla de hojarasca”.[2] El hablante, inserta la imagen y el sonido de las hojas que cubren el suelo con tal precisión como si fueran pintadas en un lienzo.

En este libro, cada verso nos lleva de viaje en un estado que solo conocen los que retornan a la provincia, sostiene: “Otra vez algo de sosiego/ El vuelo del trigo a lo lejos”.[3] Es que hay algo que ocurre en el pecho cuando se vuelve al terruño, y la tranquilidad es el gesto que se recoge en este vuelo.

El libro Estado se situación es un viaje en el aire, reflexivo y en pausa. En donde el ser habita en un tiempo que no es el mismo de todos, pero que manifiesta el deseo mortal de querer contenerlo, así lo declara: “Haber nacido con un ala rota/ me impulsa de vez en cuando/ a detener todas las horas/ con un disparo de reloj/ a dejar sin habla los minutos/ sin aire las palabras”.

El hablante expone en su voz el ritmo, el pulso interno que pone en movimiento el orbe, manifiesta: “Alcanzamos en el tiempo/ a decir un par de palabras/ que todo tienen que ver con el silencio/ llevamos dentro un pulso de reloj/ un pulso de tic tac conectado a la vida”.

Este respirar solo tiene una certeza, el tiempo, que forma parte de la preocupación de antaño y que la literatura ha sido fiel a su trato. Borges, en una de sus premisas filosóficas, reflexiona en torno a la metáfora de la esfera y el tiempo, así recoge una idea que nace en el Renacimiento en “donde los hombres se sintieron perdidos en el tiempo y en el espacio. En el tiempo, porque si el futuro y el pasado son infinitos, no habrá realmente un cuándo; en el espacio, porque si todo ser equidista de lo infinito, tampoco habrá un dónde. Nadie está en algún día, en algún lugar; nadie sabe el tamaño de su cara”.

Al ser conscientes del infinito nos puede llevar por dos rutas. Aquella donde el ser se extravía o se encuentra.

Y la voz que escuchamos en este libro, nos lleva por el segundo camino, nos entrega calma. Su certeza del tiempo, contiene una afirmación, “Somos almas antiguas/que miran el mundo a través del cristal/ de todos los siglos”. Este Estado de situación nos posiciona en un tiempo donde lo cotidiano es lo vital, tanto que pasa desapercibido, así lo expresa en su revelación: “Asombro, de lo que no logro ver /pero sé que está ahí”.

Los invito a disfrutar de Estado de situación, poesía que trasciende y nos da cuenta de su seguridad, pues él sabe que lo que buscamos en lo profundo, lo que no es palpable a los sentidos, lo que se pierde detrás del espejo, innegable está ahí.


* Presentación

 

[1] Nada es tan simple, pág. 22 [2] Nada es tan simple, pág. 22 [3] Origen, pág. 29


 

Diana de la Fuente. Poeta y académica de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Adventista de Chile, Magíster en Didáctica de la Lengua Materna y co-editora de Ortiga Ediciones. Autora del ensayo Violeta Parra y su habitar poético en Chillán, que ha sido presentado en la Universidad de la Patagonia Argentina, Serbia y en diversos establecimientos educativos nacionales. Fue presidenta del Grupo Literario Ñuble 2015-2016 y presidió la organización de Chillán Poesía, 2016.

Obtuvo la Beca de Creación Literaria (2017) del Fondo Nacional del Libro y la Lectura del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes para publicar el libro infantil, titulado A, divina, siguiendo la tradición del destacado poeta chillanejo Sergio Hernández. Publica en las antologías Memoria literaria (2017), Escritores en el zaguán (2016), Tinta china (2009) y otras diversas revistas literarias.


Marcelo Velmar (Chillán, 1970). Ha publicado: Poemas a la carta (1995), luego vendrían: Pena de alumbramiento (1997), Mortales razones (Santiago 2009) y Estelado (2018)

Cuenta con inclusiones en diversas revistas literarias y antologías de poesía, tanto dentro como fuera de Chile. Su trabajo ha sido reconocido en diversos certámenes literarios del país. Algunos de los poemas de su libro Mortales Razones, son reconocidos con Mención de Honor y Mejor Poesía Extranjera en el Concurso Internacional de Poesía, Junín País 2010, en la República Argentina.

Destacada es también su labor, en los últimos años, como gestor cultura y promotor de diversos espacios de encuentro, para la difusión de la creación poética, de autores nacionales y extranjeros.

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