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  • 13 Mirlos

LA MIRADA PENDULAR DE LA POESÍA: EL POZO Y LA CIMA.


 

Por Eleonor Concha Venegas



Ha llegado la mañana, estamos terminando un caluroso enero y han pasado ya dos meses desde que tengo en mis manos el delicado y doloroso libro El pozo y la cima del poeta Enrique Solinas (PRE-TEXTOS, Valencia, 2022).


Su lectura me habla de un amor antiguo, de muchos veranos e inviernos, del compartir con quien se ha hecho parte de él mismo, en esa maravilla de ser pareja, también de la partida inverosímil y abrupta de quien amas, perdido en un instante, apagado el universo entero y, sin embargo, relata cómo se sobrevive a la perdida, con desesperación muchas veces, con ira, con la profunda convicción de que la sombra del amado continúa en cada eco de la casa así deshabitada.


Los versos de la primera parte del libro nos traen esa generosidad sin límites, de mostrar cómo se sobrevive a una pérdida irreparable, como la poesía impregna los espacios y aparecen los conceptos de tiempo, muerte y nada, que conviven naturalmente con los de Dios, amor y memoria.

Desde el inicio, el poeta nos toma de la mano y nos convida a participar de ese juego de alternar la mirada hacia arriba, las estrellas, y hacia abajo, el pozo, donde luz y oscuridad se tocan y trocan, donde el péndulo es la mirada que se alza y que cae.


El hablante lírico dice: “Desde el pozo/ mira hacia la estrella/ enciende la luz del sueño” y un par de páginas más allá anuncia: “Hoy va a suceder/ el gran dolor/ del mundo”, comparte así con nosotros el dolor de la humanidad cuando se ve separado de quien ama, cuando sabe que aquel amado, amada, ha muerto y su cuerpo, inerte, se ha convertido en cosa.


La idea de tiempo aparece con su sentido pleno, pues no se puede hablar de aquel concepto sin hablar de la muerte, aquello parece imposible, la muerte es la fijación del tiempo, del antes y del después, clausurado para siempre el ahora de quien ha partido. “He aquí la belleza. / He aquí el terror.” nos dice el poeta, aferrándose a la belleza de lo efímero.


Así, sin contemplación alguna, el poeta nos lleva al espacio incómodo de la verdad que es: todos vamos a morir, la muerte de esta manera se transforma en puerta para quienes transitamos por la vida, los muertos sólo nos preceden, han llegado antes al umbral y han traspuesto sus límites para descubrir aquello que nadie sabe. Sabiéndolo, el hablante lírico se transforma en la voz de todo quien ha perdido a alguien, vemos la muerte fácilmente desde ese lugar, las muertes que aún nos suceden y aquellas que nos ocurrieron en la infancia y que nos situaron en la sombra de la portadora. Los versos “Todo fue de repente/ y el amor no alcanzó/ para que te quedaras.” nos vuelven a situar en lo imprevisible de aquella; es ese el terror de la muerte, es esa su maravilla, y en esa profusión de sensaciones, el hablante toca la naturaleza, se reconecta y también “de repente” le escuchamos conectado con los árboles, en aquel vacío de la pérdida. Mas, no hemos llegado a la cima de la agonía, aquella es develada cuando el hablante dice “y te dio a sombra/ bajo la palabra estrella.” en aquellos dos versos el hablante, con una simpleza pasmosa, nos muestra el dolor insoportable de la pérdida, aquella que da a sombra, puesto que es imposible darle a luz, y en ese dolor, el hablante clama e invoca al Señor de los pájaros y del silencio.

En medio de los poemas de verso libre, aparece un haiku perfecto, es así como el poeta nos regala un instante de eternidad, que resume por completo el libro:


Hai-ku

Y esta pena es

memoria y olvido,

bajo este cielo.


La imagen que alude a la naturaleza “bajo este cielo” se encuentra presente como signo de lo extraordinario: sufrimos y nuestro derredor continúa imperturbable. Aquel sentimiento, expresado con la mayor de las simplezas, paradoja que exige el haiku, se enlaza con la misma esencia del ser humano, puesto que somos permanente memoria y olvido. Algo nos sucede con la pérdida, y es el cielo sobre nosotros lo que nos parece inverosímil. No se cae a pedazos, y debiera, porque el corazón se rompe y todo duele, incluso el azul de aquello que suponemos arriba.


El hablante en este movimiento pendular del dolor, también duda de todo, del conocimiento, del devenir de esta humanidad desacralizada, que nos ha quitado aquella facilidad de creer que somos más que una voz que clama en el desierto. Volvemos las cabezas, temerosos a esa eternidad en la que no estamos, y que vemos noche tras noche en las estrellas, cuya luz pervive a pesar de ellas mismas, a pesar de que aquella luz es sólo un estertor de lo que alguna vez fue, ecos que llegan cual imágenes del pasado.


Como un navegante, el hablante se guía a través de esas luces para salir del pozo en que ha caído, e inevitablemente, la imagen de la barca que cruza las almas sobre el Leteo aparece, en una súplica, para que le lleve también con él:


“Sé que vendrás, / lo sé. / Pleno de luz, / como una barca silenciosa/ para así navegar/ las aguas/ de este corazón perdido.”


La imagen de la barca nos transporta hacia una región insospechada, surgiendo la segunda parte del libro: Shanghai. El hablante lírico en su travesía, convierte al libro en un péndulo, el que primero simboliza con la mirada, y luego, con el movimiento.


La angustia del aquí, la pérdida de certezas lleva al hablante a las profundidades de la oración, y el movimiento cruza los márgenes de lo que entendemos, y la ciudad interior del poeta es conformada por los rostros que le son ajenos, pero que comprende, por los ríos que no le son propios, pero que le conforman, como si aquel lugar le perteneciese más que el de su propio nacimiento. Quizás, en ese renacer forzoso que sufre, cuando ya no hay tiempo.


Así, tal como inició, y en un viceversa absoluto, el libro se cierra con tres versos, en cuyo interior la luz de su propio firmamento, ha encendido la oscuridad del pozo en donde él mismo está situado.


El pozo y la cima, Buenos Aires y Shanghai, vida y muerte, luz y oscuridad, viaje y permanencia, dualidades y extremos que recorren un libro hermoso y sobrecogedor, cuyo principio y fin parecen la vida misma.


Eleonor Concha Venegas (Santiago de Chile, 1972). Abogada de la Universidad de Chile, Magister en literatura chilena e hispanoamericana en la Universidad de Playa Ancha (2022). En el año 2016 publicó su primer libro de poemas con RIL Editores cuyo nombre es Par de Dos, el año 2018 publicó con Mago Editores su segundo poemario llamado Viceversa, y en el mismo año recibió el primer premio del concurso nacional de poesía Oscar Castro, con el poemario El dolor de los huérfanos. El año 2021, se lanza una nueva edición del mismo libro, esta vez por Mago Editores, parte de la colección poeta Raúl Zurita y a la vez, en la misma casa editorial, publicó el libro Nosotros, los suicidas, en la colección Escritores Chilenos y Latinoamericanos.


Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969). Escritor, docente, traductor e investigador.

Publicó hasta la fecha: Signos oscuros (1995), El gruñido (1997), El lugar del principio (1998), Jardín en movimiento (2003, y Perú, Lima, 2015), Noche de San Juan (2008), El gruñido y otros poemas (Antología poética, 2011), Corazón sagrado (2014, México 2015), Barcas sobre la zarza ardiente (2016), El Libro de las plegarias (2019), El pozo y la cima (España, 2022); The way time goes and others poems / La manera en que el tiempo se va (Antología poética inglés-español, 2017), Escrito a fuego (Antología poética para la comunidad latina, 2017), 时光就这样流逝 (traducción al chino de la antología poética The way time goes La manera en que el tiempo se va, Shanghai, 2017) 时光就这样流逝 y Le grognement (traducción al francés de la antología poética El gruñido y otros poemas, París, 2021). En colaboración, Dificultades de la poesía (ensayo, 2010), Invocaciones –cuatro poetas en la voz del mito- (poesía, 2012), Antologías Argentinas – Intervenciones sobre el canon y emergencias del imaginario (2017). En narrativa: La muerte y su conversación (cuentos, 2007).

Por su labor literaria obtuvo varios premios, entre ellos, el 1er. Premio Nacional Iniciación Bienio 1992/1993, de la Secretaría de Cultura de la Nación Argentina; el 1er. Premio Dirección General de Bibliotecas Municipales de Buenos Aires 1993; Mención en los Premios Municipales de la Ciudad de Buenos Aires a la Producción 1994/1995; Subsidio Nacional de Creación de la Fundación Antorchas, Concurso 1997 de Becas y Subsidios para las Artes y Subsidio de Investigación en Poesía Argentina Contemporánea, Concurso 1997 de Becas y Subsidios para las Artes; 1er. Premio Estímulo a la Creación, Año 2000, Secretaría de Cultura de la Nación; Finalista del Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador” 2017, en Salamanca, etc. Ha obtenido la Beca de Residencia Shanghai Writing Program 2014, otorgada por el Gobierno de China a través de Shanghai Writing Association.

Su obra forma de parte de antologías nacionales e internacionales, siendo traducido al inglés, al chino, al italiano, al francés, al griego, al rumano, al portugués y al talimi.

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