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  • 13 Mirlos

PAULO SAN PÁRIS: GON/ZARO


 

CREYENDO QUE EL POEMA DEBÍA SER AMADO

Confundí unas cuantas noches de pergaminos

/sitiados con mi cuerpo

Quise cambiar su volumen i hacer nuevas las

/palabras

Dormir menos tiempos i despertar más vidas

Acuartelar al opresor i esperanzar al oprimido.

Llevar unos cuantos mangas mostrando

/creaciones de universos

I alterar la realidad con viajes esporádicos a

/cualquier tumba de poeta.


Creyendo que el poema debía ser amado

Formé batallones i les armé medallones de

/greda

Para imaginar el espíritu i la soberanía que ha

/ser del pueblo.

Convencí a mi madre i mi padre de matarse

/como Romeo i Julieta

I quise nacer en un lugar llamado Antena.

Los ancianos de la tribu decían: “al poema le

/falta esto…”

“la poesía es aquello…”

Creyendo que el poema debía ser amado i hermoso

Desgasté unas cuantas palabras en vértebras nuevas para poder sostenerme Financié una

empresa de vulgar apariencia

I me desvelé muchas noches para trazar campos

limé estrategias i pensé en omegas i alfas

Para conseguir el poema perfecto.


Cuando di por perdida la pérdida del poema

Comencé a leer que mi cuerpo se sostenía así solo

Que las palabras forman nuevas palabras desde sí solas

Que las empresas seguían financiando apariencias

Que mis padres no debían morir

Que los viejos de las tribus no vivían,

Sino que mentían sobre el origen de todo,

Que no debía nacer en la Antena, estaba desde antes aquí,

Que no debí desvelarme por cualquier poema,

El poema siempre es una posibilidad necesaria que será…


Creyendo que el poema debía ser amado

Entendí el organismo de las falsedades

I la necesidad de terminar cortándose las manos

Lo más pronto posible.



Fundición por relámpago


En un principio fue el relámpago,

Antes que El Fuego y su columna plástica,

Antes que El Agua, El Aire y Los Físicos.


Las imágenes abrumadoras y rápidas, convulsas y rápidas

Las descendencias de los hijos y las familias rápidas,

En un instante, con un ramillete de carne nueva y rápida

Era el tiempo del claroscuro,

Donde el huerto orgánico asomaba su oscuridad desnuda.


El local es confuso, escucho un agua caer como una centella

Rápido silenciosa y brillante ante el oído de susto,

Imagino las sentencias, la heredad adentro de la letra,

Las marcas de siglos y látigos sobre la palabra.

Las ocasiones en el que el fornicio también estuvo presente adentro

De los vocablos primarios.


Y quisiera volver a tener la idea de la necesidad por consuelo

Pero es innecesario, se me dio el golpe desnudo y deshojado en gracia,

Para tener granos y oscuridades de especies invertebradas en mis manos,

Entonces aparecen las calles, las honduras, las mujeres.


No decidí votar a las hermosas las hojas del olivo

Ni acercarme rápido, muy rápido a la cítara del bonito,

Tuve el esqueleto pegado a la descendencia de los padres

Primeros, movibles y únicos.


Entonces la columna decía en esos días joven rápido

Descendiente y que sube, suda escribiendo poco

Pero con un escalofrío de tumba sureña,

Entonces la palabra se abrió tuvo posesión de los animales.


Oscuros y revolcados que se sentenciaron a amarse bajo la niebla,

Y que habitan en su mano,

Entonces la palabra se abrió

Si acaso el huerto con su heredad volcánica, con moldura y mujeres

Si acaso la palabra sube y grave adormece la piel armiña de la edad

Si acaso los golpes desnudos de la oscuridad brindan la calma

Si acaso la lluvia las voces únicas de los padres

Tuvieran ese ritmo de estatua volcada sobre mi espalda.


Vine a Babilonia por las fenicias y el fornicio,

La biblioteca del laberinto colgante y humano

Que recuerda a mi Lota destruida, la luz de neón

Que tiene la imagen del destello primero, en la primera soledad

Con la primera matriarca aislada de enfermedades y miserias,

La desnudez eran dos oscuridades rosas y aromáticas,

Cuando vine a Babilonia hice como hacían

Los relámpagos sobre los ojos esdrujulados

Entonces:

Vine, vi y tuve poesía.



La Orden de Gonzalo


No necesitamos mantener el amor a distancia ni después de la muerte,

Tampoco creer en la oscuridad del diafragma para el fotodrama

Ni menos ceder la espada a los lados oscuros de la letra.

Necesitamos resistir, vertiginosamente, mantener la resistencia en la luz.


Qué marca podría derribar frente a la garganta grosera.

- Ninguna.

Respuesta del esqueleto.


Entonces comencemos a hacernos invisibles

Y a contener el llanto con las manos llenas de azar y polvo,

Porque no mentimos en la prudencia sino doblegamos nuestra hoja.


Ese terrible peñasco que fui un día cayendo del lado de la montaña

Ahora lo broto al otro lado del camino donde no hay nada, peste que abunda.


Como todos hemos consultado el horóscopo de los animales

Para seguirles el aliento vivo a las princesas locas;

Traté de leer sus huellas en forma de cruz

Y hojear uno que otro ojo con la forma de iris secuestrado,

Al dar vuelta la secuencia del amor, la oscuridad, letra, la princesa,

No hay nada más que bestias buscando un rebaño en mi mano,

Donde se funda un elástico de cristianos y barrabases.


No necesitamos mantener la diadema, repito,

Después del viaje necesario,

Es necesaria la luz localizada sobre la cabeza.

Alumbrar para seguir soñando en el señuelo.

Qué vamos a ser humanos nosotros, si estábamos resistiendo

El instinto del ánimo animal animalejo…



Habitar lo posible


En las calles ahumadas con farmacias ahumadas en paseos ahumados

Están las huestes y encomiendas botadas.


Los carros de los trashumantes ahumados,

Mi carro lleno de gracia es una fuente dorada,

Un templo digno del Rey de Macedonia.

He visto a Chile cayendo en calles toda mi vida.

Y no hay un tambor más lleno de mariposas que mi cabeza.


No me siguen las moscas ni los ascensores del poder

Sino mi nombre real escrito en los huesos quebrados de una voz:

Me llaman como también me llamo dialogando.

He usado el titilar de las luces para anunciar mis cuatro pecados

Y mis cuatro avenidas, mi nombre olvidado en algún pasaje:

Advanceinsteinbraun.


Las noches nocheras bajo la luna de lisonja tardera,

Con una cerveza entra más adentro de mi pupila.

Se abre y se cierra

Según los segundos o los días

En que contengo el frío.


Parece ser que unas cuantas estatuas han adelantado su procesión

En la cual estaré, cuando sea capaz de habitar lo posible.



Un día la muerte se llamó Marcela Reyes Harris

Pensando en Marcela Reyes Harris.


(Marcela Reyes Harris): Sobre La Teoría de las Flores se deben encontrar brujas presentes

Su movimiento mecanografiado por el pulso de mi voz

Entra y sale con la línea de batalla dulce y hermosa

En la que he construido una isla para ti.


No has vuelto a mi palacio a decirme hermosa, aunque

no lo necesite, lo soy.

No tengo un cambio más envuelto para mí que mi preciosa

esencia sangrante.


Soy Anaís Nin, como todas una vez al mes, para volverme

de fuego,

Para reinar sobre los días,

Para saber que no estoy con otras porque me faltan en

el diario

Porque desde las pérdidas y los silencios he hecho un

reino de flores

vivas

y

rectas.


Tengo colgando en mi lengua a la madre india, a la niña

Anaís, a la maestra, a mi Yeco Dubó y mis hijos.


Por todas mis compañeras, por todas las flores que se

doblan a mi paso,

Por todos mis muertos, pido perdón, porque soy la que

no estuvo y está.

Porque mis manos avanzan más allá del presente y el pasado,

Porque no hay un cuerpo sobre la esencia de la rabia

Si no volteamos a mirar las flores y tartamudear como un

niño de leche

Su sinfonía en el relicto abandonado de nuestras madres.


(Habla la poeta): ¿Qué es la muerte? Si no una cosa que nos oscurece el sonido: la inicial del nombre, la primera mirada del día, los oscuros pies de un pordiosero en un ruco, la caja de música perdida en la infancia, las sombras de una niña que se ha ido con la lluvia, la colosal imagen del hombre abriendo las puertas de una ciudad quemada, la podrida figura de un dictador dictando las letras y las armas que debemos tomar.


Yo te pregunto: ¿Qué es la muerte? Sino el hilo cortado a través de una nueva luz, la

diadema con que nazco cada día, las extracciones de oscuridades desde lugares conocidos y aparentes, el pésame destemplado sobre un cuerpo, la opacidad con que se nublan los ojos, la triste figura de un paciente que no ha visto a su genio en los sueños delirantes.


Yo te pregunto: ¿entiendes la muerte?

Entiendes que estoy aquí sentada a tu lado,

con un duende en los dedos que musita una figura ida con los años

y que ahora intento confeccionarte.


Entiendes que hablo de ti y de mí y de todos.

Entiendes que hablo para no callar.

Entiendes que quien habla no es otro si no quien no existe dentro mí.

¿Entiendes…

qué

es

la

muerte?

La muerte y la muerta he sido yo, y este día se llamó como mi cuerpo

Con la misma letra inundada de tersura que escribo el final de este poema.

 

Paulo San Páris (La Serena, 1987): Licenciado en Ciencias de la Educación, Profesor de Lenguaje y Comunicación y Filosofía por la Universidad de La Serena, Magíster en Filosofía Política por la Universidad de Santiago de Chile y Doctorando en Literatura Comparada de la Universidad de Playa Ancha. Ha obtenido el Primer Lugar Mejor Ensayo Poético sobre Pablo Neruda (2004), Premio Fondo Editorial Manuel Concha” de la I. Municipalidad de La Serena, categoría poesía (2009) por su primer libro, “Sogol Gaza”. Primer lugar, Primer Premio de Poesía Regional Stella Díaz Varín 2014 (categoría Jóvenes Emergentes), por su libro “Isohile”. Tercer lugar a las “mejores obras editadas” por la Ilustre Municipalidad de San Bernardo por el mismo libro (2016).

Ha publicado los libros: “Sogol Gaza” (2010), “Travestía” (2012). “Lucila, Marca Registrada” (2013), reeditado en 2014 por Borde Libro Ediciones. Su trabajo ha sido publicado en diarios regionales, nacionales, internaciones y revistas universitarias.


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