"NO ERA YO ESA PERSONA", NUEVO LIBRO DE POESÍA DE CRISTIAN CRUZ
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Por Isabel Gómez

No era yo esa persona es un libro que nos invita a divagar por la existencia humana, aproximándonos al ser desde una cotidianeidad que se nos muestra adversa, a ratos hostil he indiferente a nuestras propias interrogantes. La poesía es el vehículo que interroga, cuestiona y analiza desde sus propias formas, cito: “Sí, he sido un tipo y tenía una mujer así. / Amaneceres, desayunos, un infinito, / solo que uno se acuerda de las guerras, / y vuelven las amanecidas, los desayunos, un infinito”.
El texto, tal como lo planteara Julia Kristeva “Ya no es solo un sistema de signos, sino también y fundamentalmente, un proceso del lenguaje”. Esto nos acerca a lo que se podría denominar el lado oculto del texto, la otra sensación del lenguaje, el significado que subyace en su interior y al cual podemos aproximarnos a través de nuestras propias interpretaciones y descentramiento del texto como un cuerpo que se erige desde el movimiento, las pausas y las reflexiones propias de cada sujeto social.
El poeta Cristian Cruz desarrolla un discurso desde la contemplación acuciosa del tiempo, de las cosas y de los hechos que se muestran a través de un yo poético que se distancia y se aproxima a la realidad. No era yo esa persona, altera el ritmo de las emociones, se acerca y se aleja de los elementos. Desde esa perspectiva el espacio tampoco es el mismo, los paisajes citadinos y rurales se entrelazan en una búsqueda constante de sentidos. El poeta nos dice: “Yo fijé en un punto la mirada, / los dos muertos del poema la fijaron sobre mí./ No existe problema alguno; hemos sobrevivido/al tiempo, / al espacio y las apariencias”.
La poesía en toda su magnitud nos habla de un sujeto moderno en crisis, dando cuenta de las enormes grietas que se percatan en la sociedad, desde la fragmentación, el individualismo y tantos flagelos con los cuales debemos convivir. Bajo ese cuerpo semántico el poeta navega a través de su propia subjetividad, otorgándole forma a las rupturas y bifurcaciones del lenguaje. Allí donde lo simbólico se yergue como un nuevo paisaje que lucha por resistir a los avatares del tiempo y el espacio.
El amor es un sentimiento universal que está presente en la literatura, es un territorio donde convergen los anhelos, las emociones, la memoria y el ser. El amor en la poesía es un refugio donde fluyen los sentimientos, las palabras, las figuras intangibles se muestran de manera tangible para nombrar las voces que habitan nuestro ser interior. De la misma forma el desamor es parte de esta materialidad del lenguaje. El poema indaga la pérdida, la herida es la imagen que retorna desde los cuerpos cansados, entonces la poesía testimonia la ausencia del otro y nos comunica la fragilidad de la vida, este constante devenir donde el amor es el espacio de resistencia contra el olvido. El poeta nos dice: “Y el amor y la poesía se alejan. / Todo es apenas un lago que chorrea óxido de tus ojos.” De esta forma el abandono, el olvido, el quiebre de las relaciones familiares son tópicos que dan cuenta del fracaso en la convivencia, vuelve el ser a abrazar la soledad, a refugiarse en la poesía como centro de búsqueda consigo mismo y el entorno. Cito: “Todo se mantenía igual que la noche anterior, / cuando se durmió abrazado por una oscuridad más/ pesada que el sueño”.
El ejercicio de la escritura nos permite indagar sobre lo que subyace dentro de la realidad, aquello que no es evidente, es así como los procesos dialécticos dan cuenta, no solamente de la forma sino también de los contenidos, generando una interacción entre ambos lo cual da curso al poema mismo. Eugenia Sánchez decía que: “Un buen poema debe estar constituido por: la música, la arquitectura verbal, el paisaje visual y el auditivo”.
La literatura da cuenta, en muchas ocasiones, de las situaciones límites vivenciadas por los seres humanos, expresando los temores, las sensaciones de soledad y abandono, las rabias y las alegrías, siendo la escritura el canal conceptual donde navegan estos sentires. Es así como el poema nos permite imaginar el entorno que nos rodea, auscultar en nuestras emociones, hablar de los territorios desde donde se proyectan los imaginarios sociales, el sueño y la vigilia, la razón y la intuición. El poeta nos dice: “Me cuesta escribir/como me cuesta el aseo de la casa. /El poema comienza a nacer y no sabíamos/ que estuvo días posando en la repisa. / Un poema a punto de caer y romperse;/ como un cenicero o un gato de porcelana”. O en los versos donde nos señala: “El poema es la trama que está sobre nosotros sin/ darnos cuenta”. De esta forma el poema continúa escribiéndonos más allá de lo aparente, es un ejercicio que trasciende nuestro ser, aunque a veces sintamos, como nos dice Cristian Cruz: “y el poema ha estirado todas sus posibilidades/ha llegado a su fin/ más bien, el elástico estrecha todas las distancias/ entre el aire y el cuerpo”.
Cristian Cruz (San Felipe, 1973). Ha publicado los libros de poemas: Pequeño país (2000), Fervor del regreso (2002), La fábula y el tedio (2003), Reducciones (2008), Dónde iremos esta noche (2015), Entre el cielo y la tierra (antología, 2015), La aldea de Kiang después de la muerte (2017), No era yo esa persona (2021), No hay caso con todo esto (2024) y Una bella noche para bailar rock (2024). Además del libro de crónicas Papeles en el claroscuro (2003).
Recibe el Premio Alerce, Sociedad de Escritores de Chile 2003, por el libro La fábula y el tedio. Finalista del Premio Municipal de Santiago 2025 por su libro No hay caso con todo esto.
Ha sido incluido en distintas antologías de poesía chilena y extranjera.
Isabel Gómez (Curicó, 1959). Poeta y presidente de la Sociedad de Escritores de Chile. Cursó estudios de Pedagogía; Licenciatura en Educación y Magíster en Ciencias de la Educación, en la Universidad de Los Lagos, Sede Santiago. Entre sus publicaciones poéticas destacan: Un crudo paseo por la sonrisa (1986), Pubisterio (1990), Versos de escalera (1994), Perfil de muros (1998), Boca pálida (2003), Dasein (2006), Enemiga de mí (2013) y Los días que no escribí (2019). En 1997 recibió el premio Pablo Neruda.


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