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  • 13 Mirlos

POEMAS DEL LIBRO "ZURDO" DE MARCELO SEPÚLVEDA RÍOS

 

a lo austral del signo sigues tú

interrumpiendo fijamente

el tacto extraviado i frágil

de la intranquilidad

 

acaso no basta con que subas

o bajes desde las nubes

de terciopelo no puedes

acaso ser diseminada i naufragar

en lo vertical del alba

 

en el estero sur de la memoria

brotan estás proclamas rabiosas

señaladas en el punto

estéril de la insatisfacción

 

-camina sin rumbo

entre nosotros un hombre

abrigado de llagas-         

 

la total intensidad sin darme cuenta

abrazó el tejido paralítico

de la aflicción

 

reposo i me oscurezco

en códigos que regresan

desde un antiguo exilio

 

avanzó en está incomprendida

e irrenunciable alegoría

a la orfandad

 

este viaje de nudillos

en el estómago

con la mirada zurda

que se activa en la bruma

de los latidos

 

temblor que me atrapa

en el eco de una frase cruda

encorvada de muerte

ciega muerte i nada más

por el motivo en que soi

el campo la batalla

a la que en dos segundos

desangrando le doblo

la mano a dios

 

por el motivo en que debo

rogar sudar maldecir

a esta vida al curso

que toma frente

a los hechos

de la transgresión

 

-desde antes que la sabia fuera

abismo desde antes que el dolor

se manifestara-

 

la marcialidad no se despide

gradualmente como quisiera

al roce de tus labios

en el último trizado final instante

 

desde el llanto más rotundo

desde el llanto más oculto

eternamente un grito

se despoja de nuestra raíz

 

-es el gesto humillado de las flores-

 

cavaré hondo i accederé

a la mitificada larva

desvanecido por el orificio

insólito del afecto

 

en la extraña composición

de amante desobediente

caricias en el brillo

colgado a la helada leche

de tus ojos

 

en la prematura malévola bondad

nace el fruto que me ata al culto

anunciado antes que la vida

se llamará padre

acurrucado umbilical

sangre de tú sangre

 

arrastrado floto en la tibieza

del miedo

junto a ti confusamente

entendí que no fui absoluto

en el cauce de la niebla

 

en la hora en que te sigo

te veo te alejas que aún

en tus dominios seas

una irreparable ansiedad

en la propiedad del desaliento

 

no dejas adornado el lugar

en esta despedida ya pensada

postergas mis brazos

no quieres que merezca

por última vez el relieve

oxidado de tu actitud

 

  

II

la gente expulsa la tensión

de la mano en el antifaz

de la lengua

los espíritus

se ven en la plenitud

de las velas

 

en el carnaval de los gestos

no dudan ni un instante

en el pacto

de los días funerales

 

una libertad única

que se esparce en la carne

de nuestra urbana soledad

 

un emblema destruido

en la conciencia me contiene

entonces voi sordo frenético

 

-un lamento que ancla

en el laberinto del eclipse-

 

está esencia nimba

que da un paso a trasluz

solfeada e insólita que cabalga

en la racha fatal arrabalera

 

acecha en la sangre

en el borde profano legendario

veneno i fuego devoran

par a par el ritmo luto

 

  

II

vivo encerrado en la causa

primera que debe perpetuarme

montículos de ideas viudas

escurridizas en la bruma

que jamás se diluyen

en el ejercicio de tono

tanguero de la escritura

 

lo mío cae abrupto de pie

me asaltan en lecturas

de anarquistas poetas

condenado viaje tropo

sintaxis interna contorno

rara manifestación

 

tristeza de vino en el paisaje

camino doble en contorsiones

guiños del barroco vernáculo

que no descubro nada

que no quiero descubrir

 

  

la poesía la sostengo en un recuerdo reciente en la planicie herida del primitivo vernáculo en una composición entregada resuelta quizás alejada que me condiciona a no deprimir este acto con poca fe para tanto agnóstico con tanto cadáver a cuestas con tanto luto en el gramado del oficio quién soi yo pensando en hacer escarnio sobre la obra publicada que no cubre no encuentra el deseo en la prédica del poema  la necesidad de algo que revienta i se apodera i flota con una música zunca clave ruina a mí despojo desaliento que aborrezco con un puñal de brutal aliento eterno próximo al infierno me propongo sonreír crujir sin límite en la discusión bajar con calma la mirada perdonar a ojos fieros con un montón de parpadeos que perpetúen la gravidez de los astros a través de los días funerales imaginando una sinfonía en el vertical i lúdico pentagrama del vacío

 

  

IV

 cada día desde lo eterno

de los días regreso al mundo

pienso en lo que he soñado

tal vez sea un ejercicio

para descifrar mi despedida

el camino es largo-ancho

el aliento corto-angosto

nada más en mis ojos

nada más en mi espermio

la herencia es el tramo

de la huella

nada más a mi cuerpo

sea la lealtad sea la voluntad

me duermo con los infelices

en un acuario verdadero

en el transcurso

de lo que resta de la noche

la honestidad con la que estrechó

mi mano miro a los ojos

a quien ha de seguir

en la ausencia hasta encontrar


su origen sé que se esconde

en el fondo de su frente

el despiadado signo

que deja sin olvido

aprendí que la carne al verbo

del verbo al concepto del concepto

a la palabra

he visto crecer desde siempre

la raíz enorme de la vida

que pronto ha de morir

en un costado de mi cuerpo.

 

Marcelo Sepúlveda Ríos (San Bernardo, 1965). Poeta, Gestor cultural y creador musical, desde 1984. Libros publicados / Epistolárica 2005, Verticce 2006 / Zurdo 2009 / Ajenjo 2021. Antologado en Poetas de Chile de Gonzalo Contreras, 2007 (Bilingüe) y Poetas Contemporáneos del Maipo, 2008.

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