6 POEMAS DE JULIÁN GUTIÉRREZ: SABER DEL VIENTO (2026)
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Por el mismo camino
sin gente
y como un caminar
de piedras
una tras otra, desciende
de espalda
la soledad de un hombre.
Sin montañas ni horizonte
medita.
En el peso de su propio cuerpo
en equilibrio,
respira.
Loto 1
Mentón entrante.
Recta postura.
Cuando se equilibra el rostro
algo cambia en la cabeza.
La mirada desaparece
de su objeto.
No hay luz ni oscuridad
que golpee
la flor en alto
sostenida por el Buda.
En el aire vibrante
un pájaro cantó para T.S. Eliot.
Era blanco
y desapareció en la niebla.
Sin tocar el vuelo
fue dibujando sus alas.
En silencio
recordó todo el vacío:
La libertad extendida
de las montañas.
La noche más nublada
de los ojos
y los huesos en la tierra.
Los pájaros del deseo
vuelan en círculo y descienden.
Thomas Merton permanece inmóvil.
Entre grandes piedras guarda silencio.
Simplemente escucha.
Presiente la noche.
En la misma oscuridad que respira
se extiende la urgencia del vuelo
en la lejanía más alta.
Bangkok, 1:38 de la madrugada.
Solentiname, 12:35 del día.
Mientras en Chillán, sur de Chile, el reloj marca
ya las 15:37. Es tarde.
La muerte se muestra
como una puerta abierta al universo
dice Cardenal.
La sucesión de árboles y plantas
arremetía en la diversidad
sin distorsión ni competencia.
La tierra aún daba sus frutos.
Entre flores y aromáticas, había verduras y frutales
junto a nativos levemente inclinados
según el predominio del viento.
Mi abuelo, arremangado de piernas y brazos
limpiaba canales por donde trasladar el agua.
Disecaba frutas en los techos
y elaboraba fermentados para el invierno.
Siempre supe de su esperanza.
El agua fluía por los pies, la tierra
las plantas y los ojos, filtrándose.
Para continuar su ciclo en el cielo
lo recuerdo.
Siempre lo recuerdo.
En los sucesivos silencios
también acontecían lecturas.
Abiertas al entrevero de las palabras
y sus evanescencias.
Entre la ilusión y la realidad,
había sollozos:
Una mujer tendida en la nieve.
Era boca y aire.
Ojos y cielo concentrados.
Noche propagándose en la luz de la luna.
Brillo recorriendo la bondad de un reposo.
Oculto trasfondo de una herida.
Universo.
Misterio del Tao.
Julián Gutiérrez (San Ignacio, 1972). Ha publicado los poemarios: Epopeya de la luz (2005), Pie de página (2008), Film de los paisajes (2010), Territorio extraño (2019), La velocidad de los árboles (2022) y Saber del viento (2026). Responsable de las antologías: Ricardo Navia. Cantos a la muerte (2008) y Fin de siglo. Nueva poesía chilena de los 80 (2009). Su trabajo literario ha sido reconocido con la beca de creación del Fondo del Libro y la Lectura, 2019, 2022 y 2024; y con el Segundo Premio del Concurso Literario Nacional Stella Corvalán de la Ilustre Municipalidad de Talca, Poesía, 2016.


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