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CHRISTIAN FORMOSO: 4 POEMAS DE WWM


 

Piedra con cicatriz



La piedra bajo el cemento

y la brizna de pólvora

en el paso perenne del pasto

vibran bajo el volumen

compacto del bordado.


La piedra bajo el cemento

calzada en su vibración

quiere escapar a otra mezcla

subir su pólvora seca

hasta los palos de luz.


La piedra quiere explorar

el concreto vertical

subir al fondo de sus vocales

hurgar su fuerza desprevenida.


Luego sanarse y fluir

por un atajo sorpresa

de arterias luminosas.

Silenciosa como siempre

pero liviana.


Y alada.

Y sagrada.


1

Su luz extendida.

Luego perfecto las bocas del cuerpo

expuestas en ventanas genitales

en pasillos interiores.


Su desplazamiento.

De la punta del pelo encanecido

al borde de las uñas de los patios de comida

y espejos urinarios.


Sus etiquetas.

Bajo las astas del casco del sueño

a los delirios animales de la escena

y los reflejos vestidos vendidos.


Con una catapulta

para arrojar caretas.


Con pies de maniquís

y ventanas venéreas.


Las escaleras.

Dando a los postes de luz

y los hitos a las bocas

de endriagos adormilados.


Los pasillos.

Con tráqueas de cartón

e interiores enlazados

con vetas venas hilvanes.


Los ascensores.

Las estepas vasculares

los cuerpos cavernosos

trasladando piso a piso el estruendo.


Con garras móviles

y tendones a la vista.


Con pabellones monstruosos

y jergones y sábanas.


2

Algunas zonas del interior

siguen la idea de un bosque.


Otras evocan rocas y cuevas

la arquitectura fugaz del agua.


Las columnas.

En forma de árboles

brotan contiguas al techo

el domo entrelaza las ramas

con nidos pájaros sogas.


Las ventanas.

Nácares cristalinos y glaucos

algas microscópicas que filtran el sol

y dominan las membranas de la luz y de la sombra

que alimentan la obra.


El techo.

Dos pantallas solares

siluetas de colibrís cuando se abren

enormes alas blancas cuando se posan.

Noventa toneladas de sombra.


En los cantillos de los pasillos

siempre corre un aire fresco.

Que no provoca visiones

sino sed, mucha sed.


Su exoesqueleto.

Respiración fundida

palpos de anillos de anémonas

atrapan calor en el día

que de noche vuelven hueso.


La estructura.

Imita la corteza de una piña

el botón de un girasol

el caparazón de una caracola

sigue creciendo año a año

late procazmente.


Con el tiempo su forma

semejará las alas de una libélula.


Mucho más tarde

los ojos de una mosca.


*


Una secuencia como una serie de escenas, una unidad narrati-

va, una bomba de tiempo. Una cinta autobiográfica —y esta es

una de ellas— puede inscribir solo una serie de sombras o un

surco infinito de ecos. Cada secuencia, no obstante, monta sus

propias cadenas y encona sus jerarquías. Y en algún momento

deviene cinta, plano, escena, y el pulso se hace uno con los

fluidos del film. Pero puede una imagen perdida oírse ausente

y marcar el pulso de una secuencia? O puede el pulso de un

plano obviar su roña salvaje y hermosa?

 

Christian Formoso Bavich (Punta Arenas, 1971). Estudió en la Universidad de Magallanes, donde se tituló de profesor de inglés e hizo una maestría en estudios hispánicos en la Universidad Villanova (2009) y otra en la Universidad de Stony Brook (2014).

Ha publicado los poemarios: El odio o la ciudad invertida (1997), Memorial del padre miedo (2000), Los coros desterrados/ Estaciones cercanas al sueño; Puerto de hambre (2005), El cementerio más hermoso de Chile (2008) y bellezamericana (2014).

En el 2009 obtuvo el premio Mejores Obras Literarias y en el 2010 recibió el Premio Pablo Neruda de Poesía Joven.




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