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Por Eleonor Concha Venegas

 


Desde un tiempo a esta parte, han llegado a mi mesa diversos libros en dónde la locura es el centro, especie de literatura de la alienación, donde los personajes principales no generan vínculos, antisociales, equilibristas, cuyas vidas transcurren entre abismos, donde caer en la locura o en la miseria es el peligro. En algunas se sucumbe a la ruina, como en el perturbador libro Piel de ciudad, de Máximo González Sáez (2024) en otros, se logra la conquista de esa "otra" clase social que mira hacia abajo al resto del mundo, extraños a las necesidades del común de los mortales, acomodados en sueños de dólares y opulencia como en el extraordinario libro de Jorge A. Marchant Lazcano El favorito de las viejas (2023).Los adjetivos, empero, no son lo importante, estos libros se mantienen en el inconsciente, largamente, pues traen a la vida personajes que permanecen solitarios, aun en plena plaza pública, víctimas de la soledad más profunda, inmersos en un discurso monologante, sujetos -ambos masculinos- que sufren viéndose a sí mismos como excepcionales, visionarios, elegidos, finalmente, incomprendidos, quizás eco de una masculinidad en crisis, pero sometidos a una sociedad capitalista que rechazan y de la que quieren a la vez ser protagonistas. Perdedor o ganador del azar capitalista, da lo mismo, en ambas novelas sus personajes se encuentran sumidos en el espanto del desear incesable, del ser famosos, millonarios, ricos, del necesitar experiencias que les hagan "vivir de verdad"; adrenalínicos y calculadores, poco sienten hacia el otro, dueños del mundo, arriba o abajo de la escala social, uno termina bajo el puente de la ciudad de la que se siente dueño, otro, perdura en el rascacielos donde se abanica con sus dólares, ambos esperpentos de una sociedad de consumo dónde ningún vínculo existe, y dónde el otro es válido sólo en cuanto sacia el propio placer o necesidad. La soledad es el destino de estos personajes, apostadores y ludópatas en un mundo donde el éxito se mide en satisfacción instantánea. Por eso en Piel de ciudad, Manuela Spotorno termina sola, por eso el personaje protagónico se hunde en la miseria enarbolando una bandera de disidencia y aventura. De una manera diversa pero equivalente, en El favorito de las viejas. El Marqués de Cuevas juega sus cartas ofreciendo un título, vagamente verdadero, a una millonaria con menos raigambre social -ese es el engaño- pero con infinito dinero, una Rockefeller, ante la cual Cuevas sacrifica su peculiar soltería. Son libros, sin embargo, muy diferentes entre sí, el libro de Marchant tiene un humor impecable, es imposible no sonreír, y en

este el autor -sutilmente- logra embriagarnos con páginas plenas de imágenes de opulencia y decadencia, un juego eterno de arriba y abajo, dónde parecer es ser, y donde la riqueza se encuentra en manos de viejas que acogen al Sr. Cuevas antes de ser, como él dice, "asquerosamente rico". Resuenan en la lectura escenas del cine anterior a los 80', cine, como dice Jaime Córdoba, de verdad, y no el de diálogos de breves segundos donde todo es montaje. No, las escenas en las que se envuelve el Marqués son de las que requieren actores del método, que sean capaces de descubrir el humor de la novela antes de la decadencia final. Debo decir que hablo de decadencia, porque hay algo en la novela que entristece, es la vida de un hombre que escala en la sociedad pero que parece volver a su hogar natal, siendo frívolo y vacío, espejo de una alta sociedad que, por tener tanto, simplemente se aburre y que, además, se burla de los que pretenden estar en su mismo nivel. Aquí, la novela muestra sin piedad a una espantosa alta sociedad chilena, criollos con ansias de ser aristócratas, permanentemente rebajados a tercer mundo. Por otro lado, en Piel de ciudad, lo esperpéntico es la norma, imágenes oníricas, absurdas, cortes rápidos, masacres visuales, el panóptico del underground que quiere ser canon. Pero el gran protagonista de ambas novelas es la soledad, los personajes están Solos, así, con mayúscula, pues vagan por el mundo con ideas de superioridad y de desprecio al otro, secretamente impostores, perdidos en su monólogo interior y en los intersticios de un mundo que no ama a nadie, pero que busca el control de todos. Siendo una persona del margen, les mira intrigada, ambas novelas han abierto una puerta hacia mundos imposibles para mí ¿no es eso lo mejor que puede hacer un autor?

 

Eleonor Concha Venegas (Santiago de Chile, 1972). Abogada de la Universidad de Chile, Magister en literatura chilena e hispanoamericana en la Universidad de Playa Ancha (2022). En el año 2016 publicó su primer libro de poemas con RIL Editores cuyo nombre es Par de Dos, el año 2018 publicó con Mago Editores su segundo poemario llamado Viceversa, y en el mismo año recibió el primer premio del concurso nacional de poesía Oscar Castro, con el poemario El dolor de los huérfanos. El año 2021, se lanza una nueva edición del mismo libro, esta vez por Mago Editores, parte de la colección poeta Raúl Zurita y a la vez, en la misma casa editorial, publicó el libro Nosotros, los suicidas, en la colección Escritores Chilenos y Latinoamericanos.

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