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ESQUEJES DEL TIEMPO


 

Por Margarita Bustos


Los recuerdos nos miran refractando la memoria


Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula

y hace luces y sombras en tu mirada

Alejandra Pizarnik


Escribir sobre lo que conocemos, y con la premisa de Atahualpa Yupanqui en el poema que le entregó el maestro Julio Cortázar El árbol, el río y el hombre para que lo musicalizara, pareciera ser el punto de partida y de llegada de las narraciones que componen Esquejes del Tiempo. Brotan de sus páginas 24 relatos divididos en tres secciones o puertas que se abren a la curiosidad lectora a partir de recuerdos familiares, cuyas voces traspasan con profundidad la nostalgia del narrador y a veces de los mismos personajes. Ello en el devenir del tiempo, que transporta las historias de protagonistas rurales junto a sus oficios, así como voces de infancia en el Parque Ecuador, el Cerro Caracol, las calles del centro de la ciudad de Concepción, de habitantes de Chiguayante, entre otros.


Sergio Melgarejo conservó en la memoria vívida, historias traspasadas de generación en generación en la riqueza de la oralitura, las leyendas campesinas en busca de explicaciones para acontecimientos y problemáticas locales, de un mito que al igual que el autor idealizan la música con su energía irremplazable mientras el dios Pan se enamora de una mortal, conjugando con fluidez la experimentación de estructuras de la tradición greco-romana con espacios y comportamientos en tiempos actuales. Cuentos que fueron escritos hace décadas y cuyo brote se une a otro en una misma rama o genealogía familiar, porque supo y sabe escuchar lo que el abuelo-padre Manuel Melgarejo decía antiguantemente.


La riqueza de los relatos radica en la verosimilitud lograda mediante descripciones de atmósferas que se tornan vívidas y reconocibles por distintas generaciones de lectores/as, especialmente de la región del Biobío, ya que la relación espacial por donde se desplazan los personajes se une a la experiencia de quienes las recepcionan/leen e imaginan en ritmos y formas de habitar de antaño y que pese al paso del tiempo, aún perduran en algunas territorios y formas relacionantes que conservan tradiciones, dichos populares y proverbios que los diferentes narradores expresan en estilo indirecto y a momentos nos acercan en estilo directo: susurros, promesas y/o sentencias ante nuestros ojos y remembranzas.


Melgarejo Fuentealba organiza los brotes y sus historias en 11 relatos rurales y 11 más urbanos donde los refranes, topónimos, comidas, formas de vestir le aportan realismo y cotidianeidad a la nostalgia del árbol o el Parque que ya no están, porque la ciudad se ha refundado, caído y vuelto a levantar después de algunos terremotos y otras circunstancias que la han transformado. Desde la portada ingresamos a hojear a través de la fotografía de una corteza firme y con una serie de betas/marcas como las de la vida, a través de las genealogías familiares, con brotes y letras verdes remarcando la savia sanguínea que transita por el carácter de la abuela Jesusa, la Margot, el Juanito, Eroessa Chilensis y los demás.


Al inicio del Libro de relatos Esquejes del tiempo como una afirmación y en tono de tango señala: “Los recuerdos nos miran refractando la memoria”, asistimos al reencuentro de las sendas, nos lleva a la comprensión de este territorio y a su apropiación identitaria. El reencuentro de los lectores/as con calles, espacios geográficos que desaparecieron de la ciudad, ya sea por la destrucción del llamado progreso o por los sucesivos terremotos que han marcado la (re)construcción de avenidas, plazas, edificios habitacionales, etc.


Quisiera destacar, además, que en estos textos narrativos nos encontramos con refranes pícaros y poesía campechana que, en la profundidad de variadas capas, enriquecen la descripción de los personajes y sus acciones. Sergio Melgarejo narra y a momentos se expresa cómodamente en clave poética, para que el ritmo de lo contado continúe manteniendo nuestra atención y el ritmo en los registros de habla nos remitan a experiencias familiares directas o indirectas, así como los esquejes en rama firme o en otras más pequeñas.


La presencia de la luz en situaciones diurnas y otras, a media noche amplifican la sensibilidad de los protagonistas, así como enriquecen el comportamiento, sus promesas, miedos, pactos con el diablo, sobrevivencias al hambre, etc. El autor lo sabe, también el narrador y nosotros/as como lectorxs.


Para finalizar, cito un fragmento del poema de Julio Cortázar:

Al árbol ya cortado No lo claves en tierra Porque su copa seca No engañará a los pájaros Al río que discurre No le levantes diques Porque en el aire libre Cabalgaran las nubes

(El árbol, el río y el hombre)


En El Santo de la abuela Jesusa, Ailaviu, El Pacto, La Margot, El Ángel de las monedas, El espíritu del ciervo volante y otros, el narrador nos presenta los temas universales de la literatura y locales de la existencia, así como el árbol es al río ciclo y cambio, el amor, el trabajo, la superación, el azar y la muerte son al ser humano presente y memoria.


 

Sergio Melgarejo Fuentealba (Concepción, 1944). Poeta y narrador. Ha publicado La estrategia del insomnio (2017) y Esquejes del tiempo (2021).

Primeros lugares años 2009 – 2011 – 2012 -2014 Concurso de Poesía TRILCE para el Adulto Mayor organizado por el poeta Omar Lara, entre otros.


Margarita Bustos Castillo: Docente, poeta y gestora cultural. Diplomada en escritura creativa de la PUCV. Algunos de sus poemas han sido publicados en las Revistas: Buenos Aires poetry, Liberoamérica, Mal de ojo, Trilce, Valpoesía. Cine y Literatura. Ha participado en Encuentros literarios nacionales e internacionales en Perú, Bolivia, Argentina y Uruguay.

Forma parte del Equipo Editorial de la Revista Mal de Ojo y del grupo organizador del Encuentro Poético Internacional Pájaros Errantes.

Co-directora del Ciclo de Literatura de mujeres: “Versadas”

Organizadora del encuentro Poético Musical: Colusión Poética y La Ciudad de las mujeres.

Libros publicados: Maldigo el paraíso de tu abandono, Eros en la Lengua, Existencial(es) y la plaquette Pensarnos desde la herida.

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